Inicio Anestesia Historia ANESTESIA Y GUERRA: LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL (PARTE 2) – LA HISTORIA Y LOS PERSONAJES –

ANESTESIA Y GUERRA: LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL (PARTE 2) – LA HISTORIA Y LOS PERSONAJES –

Abril de 1917, la 1ª Guerra Mundial está en su apogeo, el gobierno americano decide iniciar la beligerancia contras la potencias centrales, pero tienen un problema entre su cuerpo de oficiales médicos. De los 491 de los que disponen en las Fuerzas Americanas Expedicionarias, ninguno de ellos es especialista en anestesia. Arthur E. Guedel (1883-1956) es por entonces un joven médico que se ha licenciado apenas 8 años antes y que está interesado en la práctica de la especialidad. Debido a sus conocimientos es reclutado y desembarca en agosto de dicho año en Francia. El teniente Guedel (posteriormente capitán) se encuentra un panorama desalentador, cuenta tan solo con un grupo de tres médicos y un dentista para atender 40 salas de operaciones al mismo tiempo. Tras 72 horas de trabajo ininterrumpido se percata de la necesidad de crear una escuela para formación de médicos y enfermeras y así suplir esta carencia de profesionales.Tablas de Guedel Pronto es consciente que ha de desarrollar unas tablas gráficas que permitan a estos profesionales controlar el grado de profundidad anestésica sin necesidad de su inmediata supervisión. Son las conocidas Tablas de Guedel y que constituyen el primer intento por clasificar la profundidad anestésica en base a la respiración, el tamaño pupilar…etc. A pesar de ello, su presencia se hace necesaria entre los 6 hospitales a su cargo, por lo que sus contínuos desplazamientos en motocicleta le valen el sobrenombre del «Anestesista Motorizado» ( o el origen de la Teleanestesia). En abril de 1919 retornó a EEUU y allí siguió haciendo grandes progresos que lo han transportado merecidamente al Portal de la Fama de la medicina , pero eso es otra historia que contaremos a su debido tiempo…
Los esfuerzos de Guedel dieron frutos y en poco tiempo, más de 200 enfermeras estaban especializadas en la práctica de la anestesia. Pero ahora, el problema ante la cantidad ingente de heridos que llegaba del frente era la organización. Se perfecciona el Triage (del francés «Triere»=Escoger) que en realidad ya fue inventado en los tiempos de Napoleón para atender a los heridos más urgentes primero. Los heridos eran transportados desde ambulancias o camillas hasta una primera estación sin esperar la finalización de la contienda. Para ello unos camilleros los sacaban de las trincheras y los llevaban en ambulancia de campo hasta la dicha ubicación. La primera estación importante de esta cadena era la Clearing Station que constituía el primer punto de triage verdadero. Ahí desempeñaban su labor 6 médicos que atendían a unos 1000 heridos entre ellos, un cirujano principal, un ayudante y un anestesista. En una de esas estaciones es donde trabajaba otro ilustre de la anestesia, el capitán Geoffrey Marshall (1887-1982).

Geoffrey Marshall (luego Sir, los británicos sí saben reconocer a los suyos) era capitán cuando fue traslado al frente como médico de la Royal Army Medical Corps. Se dedicó a tomar nota exhaustiva de la frecuencia cardíaca, tensión arterial y hemoglobina con la que los heridos llegaban a la Cleraring Station. Comparó dichas cifras antes y después de la cirugía y en función de los diferentes tipos de anestesia. Se percató que la anestesia espinal podía provocar hipotensiones en pacientes hipovolémicos que persistían hasta 40 horas o más, si no se le eran administrados fluídos intravenosos al paciente. Por desgracia observó que la mera administración de salino al 0.9% no era suficiente pues en media hora abandonaba el torrente sanguíneo. Debido por tanto a la ineficacia de los cristaloides, al Profesor W. Bayliss se le ocurrió mezclar el suero con una composición a base de goma de acacia ( sí, tal como suena) lo que favorecía la permanencia de la presión oncóntica y era notablemente más eficaz. Nacen los coloides. Igualmente se percataron de la frecuente asociación anestesia y vómitos con lo que empezaron a tratarlos con una infusión iv de bicarbonato sódico al 2%.

La reposición sanguínea fue el siguiente hito de la medicina en la 1ª GM. Al principio se desarrollaba de forma directa e individualizada, donante a receptor, mediante la interposición de sendas cánulas parafinadas conectadas por un tubo gomoso. Esto tenía serios inconvenientes:
-Por cada receptor hacía falta un donante que debía permanecer inactivo para la batalla.
-Gran porcentaje de infecciones para el receptor.
-Imposibilidad de calcular la cantidad de sangre transfundida.

Pronto la investigación dio frutos y se comenzó a conservar la sangre usando botes calibrados que contenían una pequeña cantidad de citrato sódico, lo cual permitía su conservación hasta tres semanas a temperaturas muy bajas. Esto evidentemente facilitaba la atención de los heridos en el mismo campo de batalla y nace el concepto de resucitación.

La organización médica se perfeccionó y pronto se organizó en grupos de 2 individuos, uno de los cuales era especialista en transfusión, cirugía urgente y resucitación, mientras que el otro era especialista en anestesia con oxígeno y éter. Nace la conjunción Anestesista y Reanimador.

En el campo de los alemanes también se hicieron innovaciones, pero la escasez de personal impedía una atención especializada, por lo que el Profesor Carl L. Schleich (conocido por sus trabajos con la cocaína como agente anestésico local) diseñó un dispositivo que a modo de mascarilla facial era portado por los soldados a fín de autoadministrarse una solución vaporizada a base de cloruro de etilo y liberar al oficial médico de las táreas anestésicas para permanecer concentrado en la cirugía..

Espero que os gusten estas pequeñas lecciones de historia que en esta ocasión nos trasportan a las hazañas realizadas por estos personajes en la Gran Guerra. En el próximo post concluiremos la serie dedicada a esta contienda.

1 Comentario

  1. Me encantan estas «pequeñas» lecciones de historia, como tú dices. A mí no me parece pequeña, me parece un trabajo bien hecho y muy ameno. Espero ansiosamente el «to be continued…»

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