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ORÍGENES DEL MIEDO A LA ANESTESIA

Una vez establecidas en mi anterior post,las  actitudes habituales con las que los pacientes asumen la intervención, razonemos si es correcto o no, ese temor o miedo a la operación y en particular a la anestesia.

La anestesia ha servido durante décadas de cabeza de turco a la que culpar como responsable de los fracasos de la intervención quirúrgica. Hasta las últimas décadas del siglo pasado, la figura asumida como responsable de la operación, era sólo una, la del cirujano. En esta época, el anestesista era el equivalente a un enfermero actual, a las órdenes de su jefe quirúrgico, y tenía que sufrir con frecuencia, la reponsabilidad de los fracasos , en especial los que tenía un desenlace mortal, mientras los éxitos eran del cirujano, puesto que era sólo éste quien se comunicaba con los familiares y el paciente. De este época es el  conocido dicho (hoy casi cómico) de «la operación ha ido bien, pero no ha soportado la anestesia».  Si bien en algunos casos pudiera ser verdad, pues los medios no eran los actuales, en otros muchos , servían para esconder una impericia quirúrgica en la nebulosa de la magia anestésica (cuya lógica se escapaba de la compresión de los mortales, pues no parecía ciencia sino brujería).  Por tanto,  una parte de ese miedo, puede provenir de la desinformación  creada en torno a la anestesia, a veces de forma interesada por los propios cirujanos.

En otras ocasiones, el miedo proviene de ciertos mitos, leyendas y sucesos anecdóticos, que circulan en torno a la anestesia. Algunos de ellos proceden de una base fundamentada, pero la exageración popular, el desconocimiento y a veces incluso la satisfacción que pueda generar infundir el miedo en otros, hace que se den por ciertos hechos que no son tales. Por ejemplo,es muy común el que los pacientes tengan miedo a la anestesia raquídea porque existe la posibilidad de padecer como complicación de la técnica, una paraplejia. Si bien es cierto, la probabilidad es muy remota  (menor de 1 cada 100000) en pacientes sin alteraciones de la coagulación (en los que la tienen alterada, no se practica)  y sin embargo la mayoría de los pacientes tienen algún conocido o vecino de su pueblo que la padeció. Como este ejemplo (muy habitual en la práctica de cualquier anestesista) puedo poner cientos, que me reafirman en la necesidad de clarificar un poco el oscuro mundo de la anestesia.

En tercer lugar y por último, existe una tercera razón para temer a la anestesia. La anestesia es un proceso relativamente seguro, algo así como montar en avión, pero al igual que  pilotar, es un proceso delicado, y que no hacemos los pasajeros, que somos meros observadores de lo que acontece. Es un proceso que realiza un profesional, que pilotará nuestro cuerpo, sobre el que perderemos nuestra autonomía y voluntad, hasta en sus funciones más básicas. Ni siquiera durante una anestesia general, podemos decidir cuando respirar y cuando no, ni cuando movernos, ni cuando despertar. Afortunadamente, a diferencia de  la aeronáutica, el proceso es llevado a cabo mientras dormimos. En el caso del resto de tipos de anestesia, diferentes a la general, también perderemos parte de nuestra autonomía, ya sea un miembro o varios. Es lógico entender que a mayor pérdida de autonomía, mayor riesgo, pero aún así, el riesgo mortal siempre está presente en la anestesia, aunque se trate de anestesia local. Así pues las precauciones han de ser máximas siempre que involucramos a la anestesia en la intervención, pues la más mínima cirugía local puede causarnos la muerte, y a veces es una reacción tan imprevisible (como la anafilaxis por anestésicos locales) que no se puede evitar.

Por todo ello, la gente tiene miedo a la anestesia, y en parte es un miedo con una base real, pero que en la mayoría de los casos se desconoce su fundamento. Considero que la actitud más coherente, es tener un respeto a la anestesia, más que un pavor desde el desconocimiento.

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