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COMPAÑEROS DE FATIGAS

 

El extraño caso de las hermanas Nightingale

Hoy en día se abusa mucho del término compañero. Pero en determinados ambientes y circunstancias se estrechan lazos que van más allá de la simple convivencia.

 

Hoy os hablaré del término compañero y de la acepción que tiene para mí. 

Para mí el compañerismo va más allá de la coincidencia temporoespacial en el área de trabajo y por supuesto en mi trabajo incluye a todo el personal con el que desarrollo mi labor no únicamente a mis congéneres especialistas. 

En general el humano tiende a desarrollar vínculos afectivos con aquellas personas con las que se relaciona, máxime cuando lo hace durante varias horas al día durante muchos años. En ciertos trabajos  donde las relaciones de trabajo son estrechas y donde además por circunstancias laborales se viven situaciones estresantes esos lazos no sólo son buenos sino necesarios. Si pudiera etiquetar a las personas que desarrollan su trabajo junto a mí, en lo elitista de mi escalafón se encuentran l@s compañer@s. Ell@s son en quienes sabes que puedes confiar plenamente para llevar a cabo con efectividad tu trabajo y hacerlo de modo distendido cuando sea posible. A veces cuando la compenetración es buena basta una mirada o un gesto para entenderse. De entre todos mis compañer@s, mis preferidos son mis enfermeras. Ellas son tus manos y con frecuencia tus ojos. Normalmente abnegadas en su labor de servicio (que con frecuencia los médicos olvidamos) llegan incluso a exceder sus más estrictas obligaciones sin un mal gesto o un mal reproche (de todo hay la verdad, las que yo llamo compañeras son así). He presenciado con disgusto como muchas veces son maltratadas en su trabajo por un contratiempo que el médico de turno no sabe asumir sin exteriorizar ni culpar a un ayudante. Su papel es difícil, no sólo ayudan al paciente sino que también nos ayudan a los médicos. Están en el escalafón donde con frecuencia surgen los roces y tienen que aguantar los desaires de unos y de otros. En mi hospital actual no existe la figura de la enfermera de anestesia, donde me formé sí. Si os digo la verdad, nunca la he echado de menos, siempre hay una enfermera circulando que se encarga de servir a la instrumentista y al anestesista a la vez, y muy frecuentemente asumir el control de la anestesia para sólo despertar al anestesiólogo cuando es estrictamente preciso. 

-Don X, que se ha hipotensado el paciente.

-Ponle 10 mgs* de efedrina

-Ya se los he puestooo, pero sigue hipotenso.

-Pues ponle más.

*Nota del autor: Textualmente «2 cms».

2 Comentarios

  1. No puedo más que estar profundamente de acuerdo. El anestesista trabaja solo en muchas ocasiones, sin otro compañero que «tire de valva» y es la enfermera/o quien se convierte en su mayor alíado, complice silencioso y leal. Sin ell@s, muchos compañeros sufrírian mucho teniendo que entrar a quirófano más a menudo.

  2. Creo que podría hablar en nombre de todas las compañeras para agradecer este post, una persona inteligente como tú, sabe valorar nuestro trabajo y apreciar el esfuerzo que nos supone ser ayudantes para todos,gracias. Muy propia la foto del extraño caso de las hermanas Nightingale,je,je.

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